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Categoría: Sin categoría

1 noviembre, 2021

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22 octubre, 2020

Autores

Pooja Khamar, MD, PhD, Rohit Shetty, MD, PhD, FRCS, Nikhil Balakrishnan, MD, Prasenjit Kabi, PhD, Durbar Roy, MTech, Saptarshi Basu, PhD, Abhijit Sinha Roy, PhD. J Cataract Refract Surg 2020; 46:1416–1421

 

Resumen

En este artículo se estudia la formación y dispersión de gotas de aerosoles durante el pase del microqueratomo (Moria-SBK) en ojos de cabra. El estudio se realizó en laboratorio.

Se grabó la atomización de una solución salina con sombrografía, que es un método de visualización de flujo en medios transparentes, como pueden ser agua, aire o un cristal. El principio de esta técnica es: aunque en el aire no podemos visualizar un cambio de temperatura, diferentes gases o una onda de choque, estas perturbaciones refractan o doblan rayos de luz, que por su vez producen sombras, y esas sí pueden ser visualizadas. Lo que los investigadores hicieron fue proyectar un haz LED sobre la zona alrededor del pase del microqueratomo para crear sombras de las gotas liquidas y aerosoles que pudieran ser vistas con una cámara de ultra-alta velocidad (disparo a cada 1/18000 segundos). La sombrografía revela, por lo tanto, pérdidas de uniformidad en un medio transparente, que a su vez pueden extrapolarse para calcular flujos. 

El principal objetivo del estudio es saber si el virus SARS-CoV-2, que se ha detectado en conjuntiva, puede ser transmitido en un procedimiento LASIK. Se sabe que varios procedimientos oftalmológicos pueden generar aerosoles a partir de la conjuntiva y de la lágrima, y que deben tomarse precauciones ya que muchos pacientes pueden ser portadores asintomáticos del virus.

LASIK es un procedimiento común en oftalmología. El flap puede crearse con un microqueratomo, cuya placa oscila entre 6 y 15 mil veces por minuto y que produce aerosoles cuando contacta con una superficie ocular húmeda, o con un láser de femtosegundo.

El experimento se realizó en la India sobre ojos de cabra enucleados. En la India se prohibió la extracción de globos oculares humanos durante la parte de la pandemia COVID-19. Se crearon flaps de 9 mm de diámetro, 130 µm de espesor y bisagra nasal, en un procedimiento similar al que se realizaría en un ojo humano. La temperatura y humedad en la sala fueron controladas de manera similar a una sesión de LASIK.

Para estimar la dispersión de gotículas y aerosoles se plantearon dos escenarios de flujo de aire: laminar o recirculado; esto para simular los tipos de quirófano habituales en cirugía refractiva. Se utilizaron varios modelos matemáticos teniendo en cuenta la ubicación del microqueratomo en la sala, de las entradas y salidas de aire, punto de contacto del microqueratomo con la córnea, tiempos de evaporación, velocidades y volúmenes de los flujos de aire y la temperatura y humedad. Los investigadores superpusieron imágenes obtenidas en varios ángulos para identificar las trayectorias y tamaños de las gotículas.

Se sabe que las partículas que miden entre 0.2 y 500 µm son las que habitualmente contribuyen a la dispersión de enfermedades por el aire. En este estudio, la mayoría de gotículas generadas medían entre 90 µm y 150 µm (90-900 µm), siendo raras las superiores a 500 µm. No hubo ninguna inferior a 90 µm. El límite de aerosol está establecido en 10 µm y las condiciones del estudio permitían observar partículas tan pequeñas como 24 µm. Los investigadores consideran poco probable que hubieran partículas por debajo de 24 µm, aunque tuvieron en cuenta que la viscosidad del aire, según qué circunstancia, puede disminuir el tamaño de una partícula hasta un 90% del original. La máxima distancia viajada observada fue de 1.3 m. 

En teoría, existe riesgo de transmisión de enfermedades infecciosas vía aerosoles y gotículas y, en teoría, un simple virus puede ser suficiente para transmitir una infección respiratoria. No se había explorado aún esta posibilidad durante la creación de un flap en LASIK. De estudios previos se sabe que la ablación con láser excimer no parece transmitir el virus de la inmunodeficiencia humana, herpes virus o virus varicella-zoster, por el simple hecho de que estos no sobrevivieron a la propia ablación.

Como conclusión relevante, los investigadores consideran que es improbable que el SARS-CoV-2 constituya un peligro para la salud en una ablación LASIK o SMILE. En cuanto al láser de femtosegundo, ofrece la ventaja teórica de que no existen placas oscilantes. Sobre la PRK con mitomicina C, se recomienda lavado suave de esta última por el riesgo de creación de aerosoles, sin que nada se haya estudiado. Y recuerdan que la limpieza de fondos de saco con povidona yodada por 2 minutos puede reducir la efectividad de SARS-CoV-2 a niveles indetectables.

Por último, los pacientes de cirugía refractiva pertenecen al grupo de edad que presenta menor mortalidad en la pandemia COVID-19, pero por otro lado son los principales portadores asintomáticos del virus. Como medidas de seguridad, recomiendan el uso de mascarilla quirúrgica por parte del paciente y de un escudo entre el área quirúrgica y el personal. Como limitación del estudio se apunta que sólo se ha estudiado un tipo de microqueratomo.

 

Comentario realizado por.

Dr. Jose Diogo Da Saude
Clínica Baviera

20 abril, 2019

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4 octubre, 2018

La luz azul de las pantallas no afecta a los ojos ni provoca ceguera

 

Un estudio reciente de dudoso origen científico y publicado en diferentes medios ha estado creando alarma en la opinión pública. Los expertos advierten que, los informes que muestran estas noticias están llegando a conclusiones infundadas sobre los posibles efectos de la luz azul en el ojo. 

No obstante, ya en noviembre de 2017 en un artículo escrito por la Dra. Celia Vimont y revisado por el Dr. Rahul Khurana titulado ¿Debe de preocuparnos el uso de la luz azul? Se expone lo siguiente:

«Las molestias que algunos experimentan después de estar mirando demasiado tiempo las pantallas se deben probablemente al cansancio ocular digital. Casi todos parpadeamos menos cuando estamos viendo las pantallas, produciendo cansancio y sequedad de los ojos, dice el Dr. Khurana, portavoz de la Academia Americana de Oftalmología.

Aunque es frecuente que la luz azul se asocie con los ordenadores y los teléfonos, la mayor fuente de luz azul es la luz solar. Otras fuentes incluyen las lámparas de luz fluorescente y las lámaparas LED. La exposición a la luz azul proveniente de las pantallas es mucho menor que la cantidad de luz azul proveniente del sol a la que estamos expuestos. Además, no es más dañina que la luz azul solar, sostiene el Dr. Khurana.»

Hasta el momento, estas investigaciones no demuestran que la luz azul que desprende el uso cotidiano de las pantallas sea perjudicial. Los resultados alarmistas de otros estudios, hoy en día no pueden ser tomados como recomendaciones reales.

La investigación alarmista estaba buscando la reacción química que se produce en la retina cuando se expone a la luz azul de una pantalla. Esta luz entra en el ojo de manera natural, sea tanto luz azul del sol como luz azul de las pantallas.

Dentro de esa investigación otro error lo encontramos en que algunas células fueron expuestas a la luz azul, cuando esas células en el cuerpo humano no están en contacto con este tipo de luz. La luz azul sólo incide superficialmente en la piel y en los ojos, no puede tener ningún efecto en ninguna parte profunda del cuerpo.

 

Los investigadores tomaron células que no son del ojo

Uno de los problemas que originan las pantallas es que la gente pasa demasiado tiempo sin parpadear y sin alejar ni acercar la vista.

El uso excesivo puede producir ojos secos, blefaritis, cansancio ocular, etc. Para evitar estas consecuencias los oftalmólogos recomiendan la regla 20-20-20 (en anglosajón) (20 pies (6 metros), 20 segundos, 20 minutos). Es decir, mirar a lo lejos durante 20 segundos cada 20 minutos de trabajo con el ordenador. 

Si de verdad se tiene una preocupación sobre el uso de las pantallas y su presunto peligro en los ojos, ante cualquier circunstancia y duda sobre la salud de los ojos, siempre hay que dirigirse al oftalmólogo.      

El oftalmólogo es el único que puede indicarle sobre sus cuidados y estilo de vida respecto a este tema.

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9 enero, 2018

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14 diciembre, 2016

Autores del artículo original

Sameh E. Soliman, MD, Helen Dimaras, PhD, Vikas Khetan, MBBS, MD, Jane A. Gardiner, MD, Helen S.L. Chan, MB, BS, Elise Héon, MD, Brenda L. Gallie, MD

Ophthalmology 2016; 123: 2610-2617

 

Resumen

El retinoblastona (Rb) es el tumor ocular maligno primario más frecuente en la infancia. Normalmente se inicia por la mutación de ambos alelos del gen RB1, que codifica una proteína supresora tumoral, en una célula de la retina; esta es la forma no hereditaria del RB. Sin embargo, en el 50% de los casos la mutación se da en la línea germinal con predisposición a sufrir múltiples tumores en la retina a lo largo de la de la infancia, y otras formas de tumores en etapas posteriores. En el 10% de los casos la mutación se hereda directamente de alguno de los progenitores.

Cuando la mutación se da en la línea germinal el Rb puede estar presente incluso en el nacimiento, produciéndose afectación visual severa y riesgo de metástasis. Se recomienda que los niños con una historia familiar de Rb sean examinados tan pronto como sea posible tras el nacimiento, y repetidamente en los primeros años de vida, a menudo bajo anestesia general. La detección precoz del Rb se correlaciona con tumores de menor tamaño al inicio del tratamiento, lo que facilita que éste sea más conservador y los resultados visuales finales sean mejores.

Los autores diseñan un estudio retrospectivo observacional de cohortes. Se incluyen 20 niños con historia familiar de Rb nacidos entre 1996 y 2014. La primera cohorte está formada por niños nacidos tras partos no programados, en los que se ha identificado el estatus de portadores de la mutación tras el parto y que son valorados en la semana posterior al nacimiento. La segunda cohorte comprende niños en los que la mutación se ha identificado antes del nacimiento mediante amniocentesis (semanas 16-33 gestación), y que se proponen para nacimiento por parto programado entre las semanas 36 a 38 de gestación. Se trata de un estudio observacional retrospectivo, los datos se obtienen de los registros de niños seguidos en el Hospital for Sick Children en Toronto, Canadá. Todos los sujetos incluidos tienen historia familiar de Rb y desarrollaron la enfermedad.

Se incluyen 20 sujetos, 10 varones y 10 mujeres. En la cohorte 1 encontramos 8 niños, 6 nacidos a término y 2 pretérmino (en un caso se induce el parto por hipertensión de la madre y en el otro por evidencia de Rb en la ecografía prenatal). En la cohorte 2 se incluyen 12 niños, el nacimiento se planifica en función del riesgo potencial de tumores agresivos; en 3 casos el parto se desencadena espontáneamente antes de alcanzar el término de la gestación (28-37 semanas de gestación), en los 9 restantes el nacimiento se programa entre las semanas 36 a 38.

En todos los casos alguno de los progenitores ha presentado Rb. En 19 de los casos la afectación del progenitor es bilateral. La alteración del gen RB1 más frecuente (15 familias) es la conocida como «null», que es la más frecuente en todas las series de Rb; en 5 familias se han encontrado mutaciones con baja penetrancia; no existen mosaicismos en ninguno de los progenitores. A lo largo del periodo de seguimiento en todos los casos se llega a dar afectación bilateral. Al nacimiento 8 de los 15 niños con mutación «null» presentan Rb (13 de los 30 ojos evaluados); 0 de los 5 niños con mutaciones de baja penetrancia tienen Rb al nacimiento. La aparición del primer tumor por niño es más precoz en la mutación «null» (media 20 días de vida) frente a las mutaciones de baja penetrancia (media 114 días de vida). Lo mismo ocurre con el primer tumor por ojo. Hay diferencia estadísticamente significativa (p= 0.03). En el momento del nacimiento en 8 de los 16 ojos de la cohorte 1 hay un tumor al nacimiento, en comparación con 5 de los 24 ojos de la cohorte 2. Al nacimiento en la cohorte 1 el tumor está presente al menos en 1 de los ojos en 5 de los 8 sujetos, en la cohorte 2 esta situación se da en 3 de los 12 sujetos. Además, en el momento del nacimiento, 6 de los 16 ojos presentan un tumor que amenaza la visión (cT1b o peor) en comparación con 4 de los 22 ojos de la cohorte 2. Los tumores detectados al nacimiento tienden a ser peripapilares, mientras que los que se diagnostican con posterioridad a menudo no amenazan la visión, lo que es superponible a las series publicadas. La media de edad de los pacientes con tumores cT1b (cercanos al nervio óptico y la fóvea, al menos 1 tumor >3mm) es de 9 días, y para los tumores cT1a (tumores < 3mm y alejados del nervio óptico y la fóvea) es de 24 días. En el momento del diagnóstico, 2 de los 8 pacientes de la Cohorte 1 presentan un estadio cT1a/cT1a o cT1a/cT0, frente a 8 de 12 en la Cohorte 2 (p= 0.02, test de Fisher). Un tumor capaz de amenazar la visión (cT1b o peor) está presente en 6 de los 16 ojos de la Cohorte 1 frente a 4 de 24 en la Cohorte 2. Los tumores en la Cohorte 1 son más grande y se sitúan más posteriores que en la Cohorte 2 (no se registra p para esta comparación).

En ambas Cohortes se aplica la frecuencia de revisiones recomendada en la National Retinoblastoma Strategy Guidelines for Care. Si no hay tumor al nacimiento, las revisiones son semanales el primer mes, cada 2 semanas el segundo y a partir del tercer mes cada 2 ó 4 semanas (siempre exploraciones bajo anestesia). En caso de presencia de tumor al nacimiento, se realizan exploraciones bajo anestesia cada 2 a 4 semanas hasta que se asegure el control del tumor. El tratamiento local en exclusiva es posible en 2 de los 8 pacientes de la Cohorte 1 y en 7 de los 12 pacientes de la Cohorte 2 (p=0,2). No hay diferencia significativa en cuanto a la duración media del tratamiento (523 días en la Cohorte1 y 447 días en la Cohorte 2 p=0,77); lo mismo ocurre para el número medio de exploraciones bajo anestesia (29 en ambos casos). El tratamiento se completa con éxito en 3 de los 8 pacientes de la Cohorte 1 y en 11 de los 12 de la Cohorte 2 (p=0.02 Test de Fisher). Todos los participantes están vivos y libres de metástasis en el momento de la publicación. 1 de los 8 pacientes de la Cohorte 1 presenta ceguera legal, no existiendo ningún caso en la Cohorte 2 (no se calcula la significación estadística de este hallazgo). Los resultados visuales se consideran aceptables (agudeza visual mejor de 0,2 decimal) en 8 de los 16 ojos de la Cohorte 1 y en 17 de los 24 de la Cohorte 2 (p= 0.3).

Comentario

Del análisis de la publicación se desprende que la identificación de los portadores de la mutación «null» en el gen RB1 en la línea germinal debería llevar aparejado un manejo activo de la descendencia, lo que implica la realización de amniocentesis para programar un parto tan pronto como se alcance el término de la gestación; esta estrategia parece estar asociada a intervenciones menos agresivas y mejores resultados visuales. Los mismos autores reconocen que la mayor limitación del estudio viene dada por el pequeño tamaño muestral, que junto con la ausencia de ciego en los examinadores dificulta la eliminación de sesgos.

El diagnóstico de Rb supone un gran impacto para la familia, y condiciona los primeros años de vida del paciente, dada la necesidad de tratamientos y seguimiento; la mayoría de los casos de Rb son casos esporádicos, lo que unido a la baja prevalencia del mismo dificulta el establecimiento de sistemas de cribado, y a un tiempo complica tremendamente la consecución de estudios con suficiente potencia para obtener resultados significativos.

 

Autores

Dra. María Dolores Morillo Rojas
F.E.A. Oftalmología
Departamento de Glaucoma
Hospital General del S.A.S. de Jerez

Dr. Javier Benítez-del-Castillo Sánchez
Responsable Departamento de Glaucoma
Hospital General del S.A.S. de Jerez
Profesor Asociado de Oftalmología
Universidad de Cádiz

21 mayo, 2016

Autores artículo original

Ivo Guber; Victoria Mouvet; Ciara Bergin; Sylvie Perritaz; Philippe Othenin-Girard; François Majo. JAMA Ophthalmol. 2016;134(5):487-494

 

Relevancia y Objetivo

Las lentes fáquicas epicristalinianas (ICLs) se han convertido en una opción estandar en el tratamiento refractivo de la alta miopía o asigmatismo, en pacientes en los que no puede realizarse una técnica de ablación corneal. A corto y medio placo los resultados son buenos respecto a la estabilidad refractiva, eficacia y seguridad. Sin embargo la aparición de catarata es una complicación potencial a largo plazo y el objetivo de este trabajo es determinar su prevalencia en un tiempo de seguimiento de diez años, así como otros parámetros clínicos.

 

Método

Se estudian 133 ojos de 78 pacientes que fueron sometidos a un umolante de ICL modelo V4 entre enero de 1998 y diciembre de 2004 en el Jules-Gonin Eye Hospital, Lausanne, Suiza. El análisis de datos se realizo entre enero y mayo de 2014. Los tipos de ICLs fueron 53 modelos V4 de −15.5 D o mayor, 73 modelos V4 de menos de −15.5 diopter (D), y 7 modelos V4 tóricas para el tratamiento de la miopía. Se evalúan el porcentaje de cirugía de la catarata, opacidades cristalinianas, hipertensión ocular y estabilidad y eficacia refractiva.

 

Resultados

Se estudian un total de 33 ojos de 78 pacientes (34 hombres y 44 mujeres, con edad media de 38.8 [9.2] años en el momento de su inclusión). El porcentaje de opacidad corneal fue de 40.9% (95% CI, 32.7%-48.8%) y 54.8% (95% CI, 44.7%-63.0%) a 5 y 10 años respectivamente. Se realizó facoemulsificación en 5 ojos (4.9%; 95% CI, 1.0%-8.7%) y 18 eyes (18.3%; 95% CI, 10.1%-25.8%) a los 5 y 10 años de implante de la ICL. La medida del vault (distancia entre la cara posterior de la superficie de la ICL y la cara anterior del cristalino fue como media de 426 (344) μm tras la cirugía y decreció a 213 (169) μm a los 10 años. Un valor menor de vault se asoció con el desarrollo de opacidad cristaliniana y con la realización de facoemulsificación (P = .005 y .008, respectivamente). La PIO fue de 15 mm Hg postoperatoriamente y no hay aumento significativo en los 10 años de seguimiento (16 mm Hg, P =  .02). A los 10 años 12 ojos (12.9%; 95% CI, 5.6%-19.6%) desarrollaron hipertensión ocular y precisaron de medicación tópica. Alos diez años la media del índice de seguridad (media postoperatoria de la agudeza visual lejana con corrección dividido entre la media preoperatoria) fue de 1.25 (0.57), con un equivalente esférico media al año postoperatiorio de −0.5 D y de −0.7 D a los diez años.

 

Conclusiones

Aunque el implante de ICLs muestra que la eficacia y estabilidad refractiva a 10 años postoperatorio son buenos y equivalentes a los valores del postoperatorio inmediato, no sucede lo mismo con el porcentaje de formación de opacidades cristalinianas y la aparición de hipertensión ocular. Este hecho tiene importantes implicaciones clínicas y éticas. A este respecto una inforamación detallada del pronóstico a largo plazo debería ser proporcionada al paciente. Por otro lado el estudio tiene limitaciones: se trata de un trabajo prospectivo sin grupo control, con lo que su grado de evidencia no es el mejor, aunque este diseño sea inevitable en estudios que muestran una seguimiento tan a largo plazo. Además, el diseño de las ICLs ha ido evolucionando en este tiempo y es posible que los índices de complicaciones puedan ser diferentes con los nuevos modelos.

 

Bibliografía

Kamiya  K, Shimizu  K, Aizawa  D, Igarashi  A, Komatsu  M, Nakamura  A.  One-year follow-up of posterior chamber toric phakic intraocular lens implantation for moderate to high myopic astigmatism. Ophthalmology. 2010; 117(12): 2287-2294.

Kamiya  K, Shimizu  K, Igarashi  A, Hikita  F, Komatsu  M.  Four-year follow-up of posterior chamber phakic intraocular lens implantation for moderate to high myopia. Arch Ophthalmol. 2009; 127(7): 845-850.

Jiménez-Alfaro  I, Benítez del Castillo  JM, García-Feijoó  J, Gil de Bernabé  JG, Serrano de La Iglesia  JM.  Safety of posterior chamber phakic intraocular lenses for the correction of high myopia: anterior segment changes after posterior chamber phakic intraocular lens implantation. Ophthalmology. 2001; 108(1): 90-99.

4 abril, 2016

Autores del artículo

Marina M. Kirkegaard; Peter K. Rasmussen; Sarah E. Coupland; Bita Esmaeli, MD3; Paul T. Finger; Gerardo F. Graue; Hans E. Grossniklaus; Santosh G. Honavar; Jwu J. Khong; Penny A. McKelvie; Kaustubh Mulay; Jan U. Prause; Elisabeth Ralfkiaer; Lene D. Sjö; Peter B. Toft; Geeta K. Vemuganti; Bradley A. Thuro; Jeremy Curtin; Steffen Heegaard. JAMA Ophthalmol. 2016;134(4):406-414.

 

Relevancia y objetivo

Los linfomas son un grupo de enfermedades neoplásicas que tienen más de cuarenta subtipos. Los linfomas oculares constituyen el 2% de los linfomas extranodales y de ellos el 25-30% se localizan en la conjuntiva (LC). Debido a su relativa baja frecuencia es difícil recoger series de casos con un número suficiente para tener conclusiones relevantes. Este estudio presenta una cohorte retrospectiva multicéntrica con un tamaño muestral no alcanzado anteriormente.

 

Métodos

Estudio retrospectivo multicéntrico de cohortes. Siete centros oncológicos participaron en el estudio. (Cophenage, Dinamarca (n  =  84); Liverpool, Inglaterra (n  =  70); Hyderabad, India (n  =  34); New York, EEUU (n  =  31); Houston, EEUU Texas (n  =  31); Atlanta, EEUU (n  =  10); y Melbourne, Australia (n  =  8) Los pacientes fueron obtenidos a partir de historias clínicas datadas desde 1 de enero de 1980 hasta 31 de diciembre de 2010, El análisis se realizó en mayo de 2015. El tiempo medio de segumiento fue de 43 meses. Se reclutaron un total de, 268 pacientes con LC, de los cuales 5 se excluyeron por información incompleta. Las variables principales estudiadas fueron la supervivencia total, la supervivencia espefífica de la enfermedad y la supervivencia sin progresión de la enfermedad.

 

Main Outcomes and Measures

Overall survival, disease-specific survival, and progression-free survival were the primary end points.

 

Resultados

Fueron incluidos en el estudio 263 pacientes con LC Su edad media fue de 61,3 años y el 55,1% fueron mujeres. Todos los linfomas fueron de tipo B. El tipo más frecuente encontrado fue el linfoma extranodal de la zona marginal (LEZM) (68.4% [180 de 263]), seguido por el linfoma folicular (LF) (16.3% [43 de 263]), linfoma de células de manto (LCM) (6.8% [18 de 263]), y linfoma B difuso de células grandes (LDBCG) (4.6% [12 de 263). Se manifiesta comunmente en personas mayores (rango de edad de 60-70 años), con predilección por el género femenino del LEZM (57.8% [104 de 180]) y por el género masculino del LCM (77.8% [14 de18]). La LDBCG y el LCM son frecuentemente enferemedades secundarias (41.7% [5 de 12] 88.9% [16 de18], respectivamente) y el LCM muestra una frecuencia importante de estadío IV (61.1% [11 de 18]) y manifestacion bilateral (77.8% [14 de18]).

La enfermedad localizada (estadíos IE o IIE) ha sido comunmente tratada con radiación externa con o sin quimioterapia, mientras que los linfomas diseminados (estadío IIIE o IVE) y el LCM de cualquier estadío fueron tratados con quimioterapia con o sin radiación externa. EL LDBCG y el LCM tienen un pronóstico pobre, con una supervivencia específica de la enfermedad del 55 % y 9 % respectivamente. El LEZM y LF tienen por contraste un 97% y 82%, Otros factores positivos para la supervivencia son edad (EMZL), el sexo (LF) y la clasificación por estadíos Ann Arbor (EMZL y LF). La clasificación TNM del American Joint Committee on Cancer muestra una limitada utilidad y solo tiene valor predictivo en pacientes con LDBCG.

 

Conclusiones

El linfoma subconjuntival presenta cuatro tipos histológicos de células B no Hodgkin. EL LEZM es el más frecuente, al igual que ocurre en otros linfomas asociados a mucosas (MALT), como sucede en el estómago y pulmones. El LCM se caracteriza por una alta frecuencia de estadíos avanzados IVE y manifestación bilateral. El tipo histológico es el mejor predictor de la supervicencia. El MCL y LDBCG son los que tienen peor pronóstico.

La clasificación TNM no es buena predictora y probablemente precise de una mejor caracterización de este tipo de linfomas.

Una de las combinaciones de medicamentos más común es CHOP. Ésta incluye ciclofosfamida, doxorrubicina (la cual tiene un nombre químico que comienza con H, vincristina (Oncovin) y prednisona, asociado con rituximab o no (R-CHOP), sobre todo para el LCM y LDBCG y los estadíos avanzados de LEZM y LF. Pero este tipo de trataiento ha sido utilizado en un número escaso de pacientes de este estudio, que cubre 30 años de seguimiento retrospectivo. El rituximab particularmente está disponible desde 1997.

Las limitaciones del estudio son su carácter retrospectivo, las pérdidas de seguimiento y la dispariad de los tratamientos. Son precisos estudios multicéntricos prospectivos para que los datos obtrenidos tengan más validez y actualidad.

 

Bibliografia

Kirkegaard  MM, Coupland  SE, Prause  JU, Heegaard  S.  Malignant lymphoma of the conjunctiva. Surv Ophthalmol. 2015;60(5):444-458.

Ferry  JA, Fung  CY, Zukerberg  L,  et al.  Lymphoma of the ocular adnexa: a study of 353 cases. Am J Surg Pathol. 2007;31(2):170-184

Sullivan  TJ, Whitehead  K, Williamson  R,  et al.  Lymphoproliferative disease of the ocular adnexa: a clinical and pathologic study with statistical analysis of 69 patients. Ophthal Plast Reconstr Surg. 2005;21(3):177-188.

11 enero, 2016

Autores

Asai T1, Ikuno Y1, Akiba M2, Kikawa T2, Usui S1, Nishida K1.

Invest Ophthalmol Vis Sci. 2016 Jan 1;57(1):137-44. doi: 10.1167/iovs.15-17510.

 

Resumen

Los pacientes miopes se encuentran predispuestos a padecer glaucoma, probablemente por los cambios morfológicos derivados de la mayor longitud de su globo ocular. Se ha documentado una inclinación del nervio óptico proporcional al grado de miopía, y que además genera una atrofia peripapilar que progresa de forma paralela.

La tomografía Swept Source (SS-OCT) permite la reconstrucción de la región peripapilar, para conocer mejor dichas alteraciones y aplicarlas al diagnóstico clínico.

Se realizó un estudio retrospectivo en pacientes con miopía elevada, excluyendo glaucomatosos y tomando únicamente un ojo por sujeto. Ninguno presentaban patología concomitante y se excluyó a aquellos en los que no pudieron obtenerse imágenes de suficiente calidad.

El disco óptico se dividió en 24 sectores de 15 grados (apareados por oposición) y se midió el grosor coroideo en cada uno de ellos. A continuación se calculó la posición de la línea de epitelio pigmentario de la retina (EPR) en cada sector respecto al eje vertical.

El índice de inclinación (PTI) se obtuvo restando de la altura media del EPR la altura de cada sector. Los valores negativos suponían una posición posterior y los positivos una posición anterior. Para estimar el estafiloma se usó el mismo método que en estudios anteriores, es decir, se midió respecto a la línea de EPR 3 mm a cada lado de la fóvea.

Además se realizó fotografía en color, que fue analizada digitalmente para calcular el índice de ovalidad (OI) como el cociente entre los diámetros mayor y menor. El grado de torsión era definido como el ángulo entre la línea vertical y el diámetro máximo. Por último se cuantificaron las zonas de atrofia peripapilar alfa y beta.

El índice de inclinación más bajo se obtuvo en los sectores ínfero-temporales en un 77% de los ojos, con una buena reproducibilidad en las medidas. Este parámetro se correlacionaba significativamente con el índice de ovalidad (excepto en los sectores supero-temporales) pero no así con el grado de torsión.

Además tanto el PTI como el OI presentaron correlación significativa con la edad, el grosor coroideo, el área de atrofia peripapilar y el grado de estafiloma. Sin embargo, el grado de torsión solo presentó correlación en el sector súpero-temporal.

Comentario

La inserción oblicua de la cabeza del nervio óptico en los miopes puede justificar su patología. Hasta ahora el índice de ovalidad tenía en cuenta este hecho, aunque no permitía la estimación tridimensional. Además, el mayor tamaño de la papila en esta cohorte debe ser considerado en la valoración.

El PTI es un nuevo parámetro con una reproducibilidad excelente en casi todos los sectores, sobre todo cuando se compara con la medida de la capa de fibras nerviosas de la retina en el área nasal, que resultaba poco coherente entre las distintas tomas.

Las medidas obtenidas de PTI permitirían una buena estimación, puesto que todos los sectores se correlacionan bien con los parámetros previos, si bien en el eje de mayor inclinación lo hacen con el índice de ovalidad y en el de menor inclinación con el índice de torsión.

En coherencia con los estudios previos los sectores con mayor índice de inclinación son los que presentaban menores grosores coroideos y mayor atrofia. Por lo tanto podemos confirmar que el estafiloma miópico induce atrofia peripapilar.

 

Conclusiones

La tecnología swept-source en las OCT tiene múltiples utilidades. Este trabajo es un claro ejemplo en pacientes complicados como son los miopes magnos, donde la inclinación papilar puede correlacionar con otros de los hallazgos comunes en estos pacientes.

 

Esther Rodríguez Domingo
Servicio de Oftalmología
Complejo asistencial universitario de león

22 octubre, 2015

Autores del artículo original:

Gary C. Brown, MD, MBA, Melissa M. Brown, MD, MBA, David H. Fischer, MD

Resumen

La definición de fotopsia es una percepción de luz (rayo luminoso) puramente subjetiva y que acompaña a una patología, especialmente de la retina o del cerebro. Existe abundante literatura acerca de las fotopsias, aunque no hay ninguna publicación que combine las causas y los síntomas más habituales.

 

Los autores desarrollan un estudio observacional en el que incluyen de manera sucesiva pacientes a los que se les ha revisado la retina y el vítreo en los últimos 12 meses; sólo se eligen los pacientes que presentan fotopsias como síntoma principal. Las características que se evalúan son: 1-. Morfología, 2-. Color, 3-. Lateralidad, 4-. Simultaneidad o no en los casos bilaterales, 5-. Localización campimétrica, 6-. Duración, 7-. Frecuencia, 8-. Visualización en luz, oscuridad o ambos, 9-. Presencia estímulos desencadenantes, 10-. Síntomas acompañantes oculares o sistémicos. En todos los ojos se explora la ora serrata en busca de desgarros retinianos, realizando indentación si es necesario. También valoran el vítreo con lente de 60 o 90 dioptrías para encontrar desprendimiento del vítreo posterior (DVP), que se diagnostica si se encuentra anillo de Weiss (total o parcial); o bien un desgarro de retina o un desprendimiento de retina regmatógeno (DRR).

 

Examinan un total de 217 ojos de 169 pacientes de manera consecutiva, utilizan el test de Chi-cuadrado para comprobar las diferencias entre cohortes causales. Asumen una diferencia significativa si p< 0.05. 117 pacientes (70%) tienen fotopsias unilaterales; de los casos bilaterales en el 42% ocurren de manera simultánea, lo que sugiere un origen en el sistema nervioso central, frente al 58% en los que ocurren en diferentes momentos. La media de edad es 63 años. Los autores desarrollan las diferentes causas encontradas.

 

Tracción vitreorretiniana 122 ojos: 86 DVP, 19 con desgarros, 15  con DRR, 2 con desprendimiento traccional sin desgarro. En el 85% hay moscas volantes no percibidas anteriormente o un aumento de las mismas. Las fotopsias son de duración inferior a 1 segundo en el 95% y como un relámpago o flash en el 94%. 86% en el campo temporal cuando hay DVP y 84% si hay desgarros; en ojos con DRR son temporales en 60%.

 

Degeneración neovascular macular (DNM). Es la segunda causa más frecuente de fotopsias, 25 ojos: 18 primarias y 7 secundarias a otra patología. 80% localización central, 76% duración superior a 1 segundo; 96% descritas como  titilantes, molinillos de viento, destellos, luces estroboscópicas, o círculos.

 

Migraña. Tercera causa en frecuencia, 14 ojos de 8 participantes: unilaterales en 2 casos, 1 de ellos un paciente con ojo único que refiere un cuadro típico de migraña con aura. En todos los casos describen escotomas centelleantes, con una duración media de 16 minutos, que habitualmente se desplazan por el campo visual y se ven tanto en luz como en oscuridad.

 

Hipo o hiperglucemia en pacientes con Diabetes mellitus. 3 personas con hipoglucemia y 1 con hiperglucemia, manifiestan fotopsias bilaterales, simultáneas y blancas que se resuelven con la normalización de los niveles de glucosa. Edad media 58 años. El paciente con síntomas con la hiperglucemia no los manifiesta con la hipoglucemia. No hay relación con la luz/oscuridad.

 

Insuficiencia vertebrobasilar. 5 ojos de 3 pacientes (uno de ellos con ojo único), edad media 81 años. En todos los casos las fotopsias son unilaterales, 60% de un solo color y 40% multicolor. En todos los casos son centrales y duran entre 10 segundos y 10 minutos. En el 80% son flashes y todos presentan historia de vértigo.

 

Tos severa. 4 ojos de 2 pacientes, flashes temporales blancos, duración <1 – 15 segundos. Bilateral, de manera simultánea en un caso y consecutiva en el otro. En ningún caso hay DVP evidente.

 

Retinitis pigmentosa. 4 ojos de 2 pacientes. Centrales, constantes en un caso y varias veces al día en el otro.

 

Coriorretinopatía central serosa. 3 mujeres con una media de edad de 43 años, con fotopsias unilaterales. Parpadeos blancos, centrales y con una duración entre <1 y varios segundos. En todos los casos hay daños del epitelio pigmentario.

 

Por último describen una amplia miscelánea de causas involucradas en las fotopsias.

 

Comentario

Las fotopsias constituyen uno de los motivos más frecuente de consulta en los servicios de oftalmología, muchas veces a través de las urgencias. Prácticamente en todos los casos se realiza una exploración funduscópica para descartar desgarros, tracciones vitreorretinianas o lesiones predisponentes.

 

La literatura acerca de la patología vitreorretiniana es abundante, pero no existen guías clínicas que recojan esquemas diagnósticos y terapéuticos en base a los síntomas referidos por las pacientes, ni tan tampoco en función de los hallazgos funduscópicos.

 

Este artículo presenta interesantes datos al estratificar a los pacientes en función de las causas encontradas para los síntomas. Los mismos autores reconocen la limitación de sus conclusiones, la descripción de los síntomas por los pacientes presenta escasa sensibilidad y especificidad a la hora de orientar un posible origen. Plantean también un posible sesgo derivado de que los pacientes valorados provienen de una consulta específica de vitreorretina.

 

Este artículo presenta una interesante descripción de las características de las fotopsias en diferentes contextos etiopatológicos que pueden resultar de utilidad a la hora de estructurar un esquema mental básico para la exploración de nuestros pacientes.

 

AUTORES:

María Dolores Morillo Rojas

F.E.A. Oftalmología

Departamento de Glaucoma

Hospital General del S.A.S. de Jerez

 

Dr Javier Benítez-del-Castillo Sánchez

Responsable Departamento de Glaucoma

Hospital General del S.A.S. de Jerez

Profesor Asociado de Oftalmología

Universidad de Cádiz

15 octubre, 2015

Autores:

Lili Zhang, MD, PhD; Zhitao Su, MD, PhD; Zongduan Zhang, MD, PhD; Jing Lin, MD, PhD; De-Quan Li, MD, PhD; Stephen C. Pflugfelder, MD

 

Resumen

Objetivo: Explorar los efectos de la terapia con azitromicina en la expresión de los mediadores proinflamatorios y antinflamatorios y enfermedad de glándulas de Meibomio (EGM).

Diseño: Casos y controles consecutivo. Entre agosto y diciembre de 2010 se tratan 16 pacientes con blefaritis e inflamación conjuntival con azitromicina al 1% durante 4 semanas. Se realiza citología de impresión en el margen palpebral inferior y conjuntiva tarsal a fin de medir la expresión de citoqinas mediante reacción de cadena de la polimerasa en tiempo real. Se obtiene también lágrima para medir la actividad de la matriz metaloproteinasa 9 (MMP-9). Se estudia un grupo control de 8 sujetos sanos asintomáticos una vez y 5 veces en los pacientes sintomáticos (cada 2 semanas por 8 semanas), antes, durante y después del tratamiento con azitromicina.

Resultados: La expresión de los mediadores proinflamatorios interleuquina1β (IL-1β), IL-8, y MMP-9 aumenta a 13.26 (4.33; 11.14-15.38; P < .001), 9.38 (3.37; 7.73-11.03; P < .001), y 13.49 (4.92; 11.08-15.90; P < .001), respecttivamente en células conjuntivales y 11.75 (3.96; 9.81-13.69; P < .001), 9.31 (3.28; 7.70-10.92; P < .001), y11.52 (3.50; 9.81-13.24; P < .001) en el margen palpebral en pacientes con EGM. Por el contrario la media (SD; 96% CI) del cambio de la expresión de TGF-β1 RNA mensajero (mRNA) disminuye a 0.58 (0.25; 0.46-0.70; P = .02) y 0.63 (0.14; 0.56-0.70; P = .02) en células conjuntivales y margen palpebral de pacientes con EGM. La azitromicina causa un cambio en el patrón de expresión de esos mediadores hacia los niveles de normalidad de IL-1β, IL-8, y MMP-9 mRNA, valores que sufren un fenómeno rebote hacia los niveles pretratamiento 4 semanas después de la disminución del fármaco.  La expresión de TGF-β1 aumenta durante el tratamiento y permanece en niveles similares a los de los controles después del cese del tratemiento. El cambio en la actividad en lágrima de la actividad de MMP-9 fue similar al patrón de MMP-9.

Comentario

Los resultados del estudio deben tomarse con precaución, debido a la gran cantidad de posibles variables de confusión que pueden contribuir a los resultados. A este respecto es de destacar que el grupo control no se sigue paralelamente al grupo tratado y solo se utiliza para como nivel basal. Aún así parece que la azitromincina tópica suprime la expresión de los mediadores proinflamatorios mientras restaura los valores del  (TGF-β1).

Conclusión

La azatromicina tópica suprime la expresión de los mediadores proinflamatorios e incrementa la expresión  del TGF-β1 a niveles normales, semejantes a la población general. El aumento de la expresión de  TGF-β1 puede contribuir a la actividad anti-inflamatoria de la azitromicina en la EGM.

 

AUTOR:
Pedro Beneyto.

 

11 agosto, 2015

Autores:

Caldeira D, Canastro M, Barra M, Ferreira A, Costa J, Pinto FJ, Ferreira JJ

Resumen

Objetivo: Los nuevos anticoagulantes orales (NACOs), también conocidos como anticoagulantes orales no-vitamina K se han demostrado al menos iguales a los anticoagulantes clásicos en estudios de no inferioridad en la prevención de la mayoría de los estados pretrombóticos. El riesgo de producción de hemorragias intracraneales es menor con los NACOs que en los otros anticoagulantes. Sin embargo, el perfil de seguridad y el riesgo de sangrado intraocular es desconocido. Aunque este efecto adverso tiene una frecuencia baja (<1%) puede causar secuelas importantes o la necesidad de una intervención quirúrgica. Este trabajo evalúa el riesgo de sangrado intraocular significativo en el empleo de los NACOs mediante metanálisis de la literatura publicada.
Resumen: Se realiza un meta-análisis de todos los ensayos clínicos aleatorizados (ECA) de fase III que comparen NACOs con cualquier otro grupo control y que reporten sucesos de sangrado intracular severo (hipema, hemorragia vítrea y hemorragia supracoroidea). Los datos se obtienen de dos autores de manera independiente. Se utiliza un random-effects meta-analysis y la heterogeneidad fue evaluada con el test I2. El sangrado intraocular significativo se evaluó mediante el riesgo relativo RR con el correspondiente intervalo de confianza (IC). Fueron incluidos 17 estudios. En pacientes con fibrilación auricular (78.382 pacientes en total), no se encontraron diferencias con los antagonistas de la vitamina K (RR, 0.84; 95% IC, 0.59-1.19; I2 = 35%, 5 ECA). Tampoco se identificaron mayores riesgos comparados con el ácido acetilsalicílico (RR, 14.96; 95% CI, 0.85-262.00, 1 ECA). En pacientes con tromboembolismo venoso (20.627 pacientes en total) no existen diferencias comparados con tratamiento secuencial con heparina de bajo peso molecular y antagonistas de la vitamina K (RR, 0.67; 95% CI, 0.37-1.20; I2 = 0%, 5 ECA). En pacientes que fueron sometidos a cirugía ortopédica  (18554 pacientes), el riesgo no fue diferente entre NACOs y heparina de bajo peso molecular.  (RR, 2.13; 95% CI, 0.22-20.50; I2 = 0%; 5 EC). No existen diferencias entre los diversos tipos de NACOs.

Comentario

En nuestro conocimiento, se trata del meta-análisis que contempla el mayor número de pacientes en el estudio de las complicaciones oftalmológicas severas de los NACOs. Los ECA sugieren que no existen diferencias significativas del riesgo de sufrir sangrados intraoculares significativos entre NACOs y otros fármacos antitrombóticos. No obstante, el número de este tipo de complicaciones es pequeño, por lo que los autores sugieren que se necesita un mayor tamaño muestral. No existen estudios que evalúen el riesgo de sangrado intraocular en pacientes sometidos a tratamiento quirúrgico oftalmológico. Aunque la anticoagulación no parece ser un factor de riesgo importante de sangrado significativo en la cirugía de la catarata, se precisan estudios diseñados a tal fin para caracterizar mejor el perfil de seguridad de estos fármacos. El cirujano deberá evaluar cada caso individualmente, sopesando los potenciales factores de riesgo adicionales.

Conclusión

No existe evidencia de que exista un mayor riesgo de sangrado intraocular significativo con el uso de los nuevos NACOs. No se ha estudiado específicamente su relación con la cirugía oftálmica.

 

AUTOR:
Pedro Beneyto

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