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Categoría: Investigative Ophthalmology & Visual Science (IOVS): Miguel Cordero

1 diciembre, 2011

Resumen:

En este artículo firmado por un grupo investigador del instituto “Brien Holden” de Sydney, Australia, los autores tratan de averiguar a través de un ensayo clínico prospectivo si un nuevo tratamiento óptico mediante unas nuevas lentes de contacto de silicona/hidrogel podrían ser capaces de ralentizar el avance de la miopía en niños. Dichas lentes, de unos 14 mm de diámetro, estan diseñadas para, a la vez, corregir el error refractivo central (1.5 mm centrales), y asimismo, presentar un poder refractivo periférico progresivamente mayor. De esta forma, se corregiría la miopía y a la vez (hipotéticamente) se reduciría la hipermetropía periférica relativa.

Los autores observan cómo, tras 12 meses de tratamiento, la miopía en el grupo de pacientes tratados (valorada por el avance del valor de base del equivalente esférico) avanza un 34% menos tras ajustar ambos grupos por edad, sexo, error refractivo, longitud axial y miopía de sus progenitores. Esto supondría que se confirma la hipótesis de que reduciendo la hipermetropía periférica, se puede intervenir sobre el desarrollo del poder refractivo central, reduciendo el avance futuro de la miopía.

Comentario:

La miopía es un problema tremendamente extendido, con una prevalencia en torno al 42% en el año 2002 en USA (incrementada notablemente en los últimos años tras cifras en torno al 27% en 1972) y pese a que las actuaciones destinadas a corregirla se han universalizado, no son tantas las destinadas a prevenirlo. En esta línea, se han probado los anticolinérgicos muscarínicos tópicos como la atropina, aunque los efectos de rebote y sus consecuencias a largo plazo sobre el globo ocular y la visión los desaconsejaron. Chung et al demostraron como la infracorrección refractiva (muy extendida por cierto hasta la actualidad!) parece que no sólo no ralentiza, sino que acelera la progresión de la miopía. Sólo las gafas y lentes de contacto bifocales (en algunos subgrupos de miopes) así como las lentes de contacto ortoqueratológicas, han demostrado resultados prometedores.

Por todo ello, encuentro este trabajo muy interesante. Pero, ¿Cuál sería la explicación para este efecto observado? Son ya conocidos los estudios que han demostrado que la reducción en el retraso de la acomodación junto a un desenfoque miópico sostenido pueden reducir la progresión de la miopía. Asimismo, se ha demostrado que las lentes de contacto bifocales son eficaces para control de la progresión de la miopía en niños con esoforia en visión cercana. Este estudio viene a postular que mediante el descentramiento de la lente y variando los tamaños pupilares, algunas zonas periféricas corneales tratadas alcancen el eje pupilar, resultando simultáneamente en una especie de desenfoque miópico sobre la retina y/o una reducción en el retraso de la acomodación.

Conclusiones

Pese a que se trata de un trabajo con claras limitaciones como la ausencia de randomización real y el número limitado de individuos, es de valorar una intervención tan innovadora como esta sobre una enfermedad ciertamente relevante como es la miopía. Está clara la necesidad de demostrar estos resultados en estudios randomizados con mayor número de individuos.

Miguel Cordero-Coma

1 noviembre, 2011

Este trabajo de un grupo investigador de la Universidad de Oakland (EEUU) trata de investigar y contrastar, en un modelo murino de queratitis herpética, los factores que podrían influir en el curso de esta enfermedad. La cepa de ratones utilizada  fue la C57BL/6, la misma que en los modelos de uveorretinitis experimental. Los ratones fueron inoculados, tras trepanación corneal, con cepas de virus herpes simplex-1 (VHS-1) y posteriormente se efectuó un  examen oftalmológico mediante lámpara de hendidura portátil (valorando opacidad y neovascularización), determinando el grado de afectación corneal previamente al resto de determinaciones que se realizarían al cabo de 15 días tras el inóculo. La cantidad de sustancia P (neuropéptido de 12 aa) en las córneas inoculadas fue determinada por técnicas de ELISA, y además se determinó la carga viral local, las poblaciones celulares presentes (mediante citometría de flujo) y la concentración de un amplio número de quimioquinas y citoquinas proinflamatorias en todas estas córneas. Finalmente, se evaluó la respuesta clínica en los sujetos estudiados a la inyección subconjuntival de 36 μg de spantide-I (un antagonista de los receptores de la sustancia P que se ha demostrado como potente inhibidor in vivo de su acción proinflamatoria). El estudio saca varias e interesantes conclusiones de todas estas observaciones y determinaciones realizadas: 1) En primer lugar, no todos los ratones inoculados desarrollan la enfermedad, 2) La carga viral en las córneas afectadas no influye en la mayor o menor severidad del cuadro, 3) Las córneas con afectación severa por el VHS1 tienen una mayor cantidad de SP si se las compara con aquellas que presentan afectaciones más leves. 4) Las córneas con mayor cantidad de sustancia P presentan mayores cantidades de citoquinas y quimioquinas proinflamatorias. 5) Las córneas con mayor afectación por el VHS1 presentan mayor cantidad de neutrófilos y linfocitos T CD4+. 6) Finalmente, aquellos ratones en los que se inocula el spantide-I, experimentan una reducción de opacificación y neovascularización, así como una menor proporción de neutrófilos, linfocitos TCD4+ e interleuquina-6.

Comentario

La queratitis herpética por el virus herpes es un problema oftalmológico antiguo y escasamente conocido. De hecho, después de leerme varios tratados sobre el tema, certifico el escaso conocimiento de su epidemiología y de los mecanismos patogénicos de la enfermedad. He ahí donde reside la gran importancia de este magnífico trabajo. En primer lugar pone de manifiesto el hecho de que hay una serie de mecanismos (inciertos, algunos probablemente genéticos, y otros relacionados con el inmunoprocesamiento inicial del virus) que hacen que algunos individuos tengan propensión a desarrollar la enfermedad. Por otro lado, que el hecho de una mayor o menor afectación es independiente de la carga viral, y probablemente esté más relacionada con la variable inmunogenicidad inter-individuo. Y más allá, se señala a un neuropéptido presente en corneas sanas, la sustancia P, como uno de los principales responsables de la respuesta hipersensible de algunos individuos. Demostrando además que su inhibición produce un claro beneficio clínico.

Es decir, que aunque el “trigger” inicial es el virus, hay un momento en la patocronía de esta enfermedad en que, por un mecanismo de hipersensibilidad, el proceso deja de convertirse en infeccioso (o al menos en “sólo-infeccioso) y pasa a ser inmuno-mediado. Este vínculo de unión infección-autoinmunidad no es nuevo, pero resulta muy interesante esta brillante caracterización en una enfermedad tremendamente prevalente en nuestras consultas.

Conclusión

Tras muchos años con los antivirales y antiinflamatorios como únicas armas frente a las queratitis herpéticas, la identificación de una clara diana terapeútica en esta enfermedad (aunque todavía por demostrar en humanos), constituye un gran avance.

Sirva este foro para felicitar a los autores.

Miguel Cordero-Coma

3 octubre, 2011

Resumen

En este trabajo, un grupo de investigadores de la facultad de medicina de la tristemente célebre ciudad japonesa de Fukushima, trata de dar respuesta al origen y propiedades de la autofluorescencia en el espacio subretiniano, mediante el estudio de fluído subrretiniano obtenido en la cirugía vitreorretiniana de 4 pacientes (tres de ellos con un desprendimiento de retina regmatógeno y otro con una enfermedad de Coats). Tras una pertinente preparación y tinción por inmunofluorescencia de las células obtenidas tras aspirado de dicho fluído, en las que se las clasifica en tres grandes grupos (CD68- con gránulos pigmentados, CD68- sin gránulos pimentados y CD68+ con escasos gránulos pigmentados), se realiza un estudio bajo microscopía confocal y se determina el espectro autofluorescente mediante un espectroscopio con el fin de obtener diferentes registros de emisión de dichas células tras la excitación lumínica. Así, los autores observan como la autofluoescencia en el espacio subrtiniano se debe a esas inclusiones celulares, y sería indistinguible espectroscópicamente de la lipofucsina, de tal forma que esta “autofluorescencia macrofágica” puede ser atribuída a los segmentos externos degenerados y productos de deshecho de los fotorreceptores. En definitiva, que ante una autofluorescencia activa, el oftalmólogo debe sospechar, además del clásicamente descrito acúmulo de lipofucsina en células del EPR, una posible migración macrofágica hacia ese lugar.

 

Comentario

La valoración de la actividad de numerosas enfermedades que afectan a retina y coroides se ha visto complementada en los últimos tiempos por una nueva técnica, la detección de autofluorescencia emitida en el área lesional, que por diversos motivos (incruenta, barata, rápida) invita a un gran optimismo sobre su valor diagnóstico. Mediante la emisión de luz (filtro de excitación) a una determinada longitud de onda (aproximadamente 550nm), se ha observado como células (o mejor dicho inclusiones celulares) retinianas son capaces de emitir por sí solas luz a otra longitud de onda (filtro de barrera, aproximadamente 650nm) reflejando con ello posibles cambios en la evolución de la enfermedad observada. Es cierto que todavía son muchas las hipótesis sobre qué significan exactamente estos cambios, y,  aunque no está del todo claro, los resultados son cada vez más esperanzadores. Un primer paso para afianzar esta técnica es saber exactamente qué células/inclusiones celulares son las implicadas en los fenómenos de autofluorescencia. Pues bien, es ahí dónde este trabajo confirma hipótesis ya previamente planteadas (sin ir más lejos en el reciente congreso de la IOIS en Goa, India, por el Dr Carl Herbort) sobre la posibilidad de que además de la lipofucsina presente en las células del EPR, la actividad autofluorescente podría deberse a otras causas como el incremento en el espacio subretiniano de segmentos externos de los fotorreceptores. Así el Dr Herbort explicaba cómo en enfermedades tipo “white-dot” como la coroiditis multifocal, se observa una disrupción de la unión segmentos internos/segmentos externos de los fotorreceptores, que explicaría la presencia de nuevas áreas autofluorescentes en pacientes con dicha enfermedad coincidentes en el espacio con esas previamente mencionadas áreas de disrupción, explicando también el deterioro en función visual como consecuencia de ese daño.

El hecho de que el A2E (piridinio bisretinoide), uno de los componentes de la lipofucsina responsables de sus propiedades autofluorescentes, esté también presente en los segmentos externos de los fotorreceptores, explicaría el hecho de que dichos segmentos puedan ser también resposables de esa actividad autofluorescente.

Conclusiones

Dada la creciente importancia de la autofluorescencia como método diagnóstico en enfermedades del segmento posterior, este trabajo resulta destacable por cuanto nos sirve para afianzar los nexos entre las observaciones con dicha técnica y los fenómenos patológicos que las justifican.

Autor del comentario:

Miguel Cordero